Unos de mis dichos favoritos son: “Ellos se ríen porque soy rara y diferente…yo me rio porque son comunes e iguales.”
Cuando era pequeña, me acuerdo que hacia todo lo posible para quedar en el molde de la chica normal, la buena amiga y la confidente fiel. Hacia todo lo que hacían las otras chicas y las imitaba paso a paso. Me acuerdo que me obligaba a estar entre los populares. Una mierda total. Ellas no sabían nada de mí, y de hecho, yo no sabía ni un carajo sobre ellas. Pero aún así, sonreíamos, nos agarrábamos entre brazos y gritábamos “¡Somos amigas!”. Estúpido, pero cierto. Es como casi imposible de olvidar: las traiciones, la supuesta amistad, la hipocresía. Cosas que tú ni te imaginas que pasarían en escuelas primarias.
Debido a mi tonto trauma de primaria; me quede encerrada en mí más de lo normal. Estaba acostumbrada al hecho de que la gente se acercara a mí sin preguntar cómo estaba, pero para contarme sus problemas. Habían personas tan hipócritas, tan egoísta---no que yo sea una santa, sé que no lo soy. Termine de la forma más patética posible cuando entre a la secundaria. Sonriendo. Mis padres habían vuelto mi vida familiar en una cosa sin sentido; le habían quitado la definición a la palabra familia y le dieron un giro de 180º. Mi hermano estuvo ahí durante toda mi vida de una forma traslucida y ausente. Mis supuestos mejores amigos estaban creando una conspiración a nivel escolar contra mí---aún llamándose mis amigos. Y ¿yo qué hacía? Sonería. Nadie preguntaba, por eso pensé “a nadie le interesa”. Me volví tan encerrada en mí que me era difícil no sonreír. ¿Patético? Pase por muchas otras cosas aún más estúpidas y degradantes, hasta que por fin tome la decisión correcta.
¿Decisión correcta? Ser yo. Totalmente yo. En otras palabras, esta chica súper rara, ultra trastornada y mega emocional. Me reía por cosas que a otras chicas le daban asco, pero que a los chicos le causaban gracia. Me emocionaba por cada pendejada y me enojaba por cada mariconada. Comencé a expresar lo que sentía, no a las masas, pero para poder sentirme bien. Comencé a sonreír, de verdad. La gente me miraba raro, hacían comentarios de mí y todo lo que sea posible. ¿Y qué más da? Nunca en mi vida me sentí más cómoda.
Me di cuenta, posiblemente muy tarde, que no se trata sobre encajar en ese molde que te da la sociedad. Eso es mierda. Tienes todo el derecho de crear cualquier molde que se te dé la gana. Y todo el potencial también. Solo hay una regla. Sé original, sé tú. Al carajo con los moldes pre-creados para nosotros. Y aún cuando vayas a estar adentro ya de una categoría-- girly, tomboy, emo, metro, skater, rocker, punk—lo que sea, hazlo con estilo. Con tu propio estilo.
Un último pensamiento: “No des explicaciones sobre como vives; tus enemigos no te creerán y tus amigos no lo necesitan.” Siempre encontraras a alguien tan rara, trastornada y compatible contigo aún siendo diferentes. (Toma a V en cuenta, el es raro….MUY RARO.)
28 de noviembre de 2009
Al Carajo con el Molde
Descartando Al Principe Azul
Un príncipe azul. Un corcel blanco. Que llegue de la nada, en el instante de necesidad, y que acabe todo con un simple beso. Un chico que conoce los límites y que los respeta. Uno que sigue las reglas y esté lleno de modales y morales. Ese chico que aparece en los cuentos de hadas. Una fantasía que tiene cada niña y posiblemente que tiene muchas mujeres todavía. El chico que yo pensé que yo quería. Pero gracias a alguien me di cuenta de lo contrario. A la mierda con los corceles y las simple caras bonitas.
Hay una verdad que solo algunas aceptamos y otras niegan. Nosotras, las mujeres que decimos que queremos a este chico perfecto, muchas veces preferimos al chico malo. Sí. El chico malo. Ese que hace caras y que tiene inmoralidades que hasta personas del otro lado del mundo conoce. Aceptémoslo; la idea de tener a un príncipe azul se desvaneció el día que nos comenzó a salir granos. Queremos a un chico que sepa ser divertido, que cruce los límites. Queremos a uno que nos enseñe cosas que nuestros padres dijeron que era malo y cosas que harían a nuestras madres desmayarse. Queremos a ese chico que no sigue las reglas si no su emoción y sus creencias. Que se pare por sí mismo en una tierra de irreverencia. Un chico tan lleno de incoherencia que nos saca las carcajadas cada momento. Sí. Un chico malo. Uno que nos lleve a tomar. Uno que ya sepa todos los movimientos que de veras dan placer en la cama. No un borreguito al cual le tenemos que enseñar, ni un caballero que tenga miedo de rompernos.
Piénsenlo. Solo piénsenlo. ¿Prefieres al chico que se pone todo diplomático con alguien que te ha sido incoherente? ¿O prefieres a uno que reaccione volátilmente contra cualquiera persona que te quiera hacer daño? ¿Prefieres a un chico callado en una silla, leyendo libros o cosas por el estilo? ¿O uno que te este divirtiendo todo el tiempo posible?
La era de los príncipes azules han acabado. No es que vayamos por los patanes. Vamos por los chicos que sabemos que son buenos pero que aún así están llenos de incoherencias y tonterías. No buscamos a un chico que dependa de nada porque queremos depender de ellos. Aceptémoslo. Cuando se trata de romance, amor y placeres sexuales, preferimos al chico desbordado que daría todo de él. Al chico que no escucha a razones en momentos sentimentales. Al chico que nos enseña cosas de la vida que dijeron que era taboo. Ya no buscamos un cuento de hadas, si no una aventura sin indicaciones ni mapas.
No vamos por el príncipe azul porque queremos dejar de ser niñas. Queremos aprender cosas nuevas. Queremos arriesgarnos. Vamos por ese chico imbécil y torpe. Ese chico descarado y sinvergüenza. Ese chico que aun con todo eso, sabemos que nos quiere y nos desea. Queremos pasión de verdad; no un simple chico con cara bonita en un poni.
Cliché
Cliché. La palabra, el adjetivo que intentamos evitar de una forma fracasada. Una causa perdida. No importa cuanto digamos que somos diferentes, caemos en las garras de lo cliché. No importa cuantas veces gritamos que somos sólidos, nos ablandamos al instante.
¿No estás de acuerdo? No digo que al enamorarnos nos volvemos esta caja de arcoíris y flores. No. Lo de nombres cursis, regalos empalagosos y todas esas mierdas son más cosas trilladas que cliché. Pero si tú has estado enamorado---tan enterrado en este sentimiento---te darías cuenta que desde que dijiste “te amo”, fuiste arroyado por lo cliché.
¿No te has dado cuenta?... ¿en serio? ¿o tal vez no quieres aceptarlo? Primero, acuérdate de mi definición de cliché. Léelo. Analízalo. Y después reconsidera tu respuesta. Cuando digo cliché, no me refiero a las rosas y el exceso de chocolate. No me refiero a las cenas románticas, ni los CD mixtos. Me refiero al simple hecho de que cuando nos enamoramos---amor, no simple gusto o atracción o la famosa lujuria--- damos todo de nosotros sin razón alguna. ¿Te suena?¿Nunca has visto una película de romance y dicho bajo un suspiro: “A que esa es la típica chica que arriesga todo por el chico.”? Bueno, piénsalo así ahora: Si tuvieras una pareja ---el supuesto amor de tu vida---¿no serias como esa chica de la película?¿No darías todo de ti también?
Hay otro cliché en la cual siempre caemos. Aseguramos que somos fuertes e independientes. Demostramos que podemos solo contra el mundo---bueno, lo intentamos. Pero cuando nos enamoramos, caemos en ese clásico cliché. ¿Cuál? “Te necesito”. ¿Te suena? Yo aún no entiendo porque terminamos así---como termine así. Lo único que sé es que cuando amamos a alguien se siente como que sin ellos, fuera imposible respirar. Imposible vivir. Simple. Los necesitamos. Lo necesitas.
Bueno…¿otro cliché? Prometer el amor eterno. Hay personas que sólo lo dicen por la atmosfera de romance que crea. Imbéciles. Inmaduros. Descarados. Sin embargo, hay personas que lo dicen en serio…del corazón---por lo cursi que suene. Hay personas que de verdad se han hundido tanto en este sentimiento que de verdad desean, añoran y necesitan estar con ese alguien por el mayor tiempo posible. ¿Mayor tiempo posible? Un tiempo indefinido…eso que llamamos “eternidad”.
¿Ya te distes cuenta? ¿Ya lo aceptaste? A que durante este tiempo que leías esto sonreías. No porque hayas encontrado gracia en este ensayo, si no porque esa persona ---tu amada/o---apareció en tu mente. Cada escena cliché que has vivido con esa persona volvieron a revivirse en tu mente ¿no? Cada palabra narraba esa película de escenarios clichés en la cual tu eres el /la protagonista. Una película sin sonido; sin embargo, tú ya te sabes el diálogo perfectamente. Adivina que. Cliché.
No escribo esto para hacer sentir débil a los que se consideran inmunes y se tiran de sólidos. Si alguna vez has estado o estas enamorado, se que acordarías conmigo. Si no, si aún no te ha pasado, sólo espera. Cuando caigas, piensa en mis palabras y reconsidera. Nadie es inmune. Nadie es sólido. Nadie es indiferente a este efecto secundario. En fin, esta conclusión puede ser lo más cursi, trillado y cliché de todo esto, pero que más se puede hacer. Nadie es inmune al amor.